domingo, 21 de septiembre de 2014

Capítulo 2.

Vuelve a pensar y a tiritar.
No ha podido salvar su vida y sabe que no es su culpa, pero seguro que no pudo huir de ahí, y mientras, a ella la sacaban obligada e inconsciente.
Siente rabia pero no llora. Las lágrimas se le agotaron hace mucho.
Lleva sin salir de su habitación toda una semana.
Y eso que hace apenas un mes pensaba que Leo era un maldito ilusionado sin futuro entre los Olvidados, un cobarde y un inútil. Ahora se da cuenta de que la que de verdad es así es ella. No tiene futuro entre los Olvidados, y por una vez que pretende tenerlo, van las Sombras y se lo prohíben.
Le han llegado noticias de que Fede y Sergio enterraron su cabeza y le pusieron un bonito recordatorio, y eso que ellos apenas lo conocían. Y que esta no es su tierra.
Su pensamiento lleva sin desaparecer un par de días, y aunque no tiene fuerzas para levantarse, (durante una semana no las ha tenido), se obliga a hacerlo. 
Tiene que volver a Daemon.
Nunca pensó que diría aquello, pero lo tiene que hacer, por Leo, Irati y todas las personas que quieren luchar por su libertad. Todos necesitan creer que no pueden. Sólo así querrán unirse.
Pero ella sola no puede.
Quizá se encuentra en ese lugar por esa razón, quizá dieron la vida por ella por una buena razón. Hay poca gente que ha muerto por ahora, pero esa gente ha muerto haciendo lo que quería y defendiendo lo que es suyo. Esa es una muerte justa. No morir de miedo, creyendo que has echo algo que en realidad no es cierto.
Por Leo.
Si sigue llorando por él lo único que desgasta es el tiempo de aclamar su venganza y de las demás chicas asesinadas.
Pero necesita a las Sombras, sin ellas, no llegaría a nada.
Escucha un par de golpes en su puerta.
Sergio entra con un chico de más o menos su edad y una mirada firme y divertida, como si todo ese juego le pareciera divertido.
-Ainhoa, este es Marc. Marc, Ainhoa.
-Lo sé, me has dicho que venías a buscarla. -responde el chico.
-Quería hacer una buena presentación. -se queja Sergio, pero no parece alegre, justo lo contrario, nota un punto de preocupación en su voz.
-¿Qué pasa?
-Sí que va al grano.
-Ha aparecido otro cuerpo como el anterior, la cabeza es de una chica, probablemente una asesinada la semana pasada. Estoy seguro de que un brazo es de Leo.
-¿Y? Ya sé que está muerto, eso no me afecta más. -Ainhoa mira a Marc, mejor que lo suelte de golpe. -¿Tú de qué bando estás?
-De esos aburridos controladores no, te lo juro. No eres la única que quiere venganza.
-Nieto de ya sabes quién. -añade Sergio.
-¿Por qué insistes siempre en no decir los nombres? -pregunta Marc algo molesto.
-Porque me cuesta. ¿Qué viene eso ahora a cuento?
-Antes de encontrar los otros cuerpos, la semana pasada, nos estaban intentando parar los pies a unos rebeldes. Y no solo yo.
-¿Quiénes? -pregunta curioso Marc.
-Había dos llamados Eduardo y Martín. Tu padre y tu tío Carlos también, Sergio, tienen la misma facilidad de meterse en líos que tú. Y no es la primera vez que me hablan de esto.
-Esto promete. Llevamos demasiado tiempo escondidos como unos cobardes. -comenta Marc.
-Tienen contactos, por favor, Sergio, ellos tienen contactos entre Sombras. Son unos de muchos como acabo de ver. Pepa me vigila y no pienso quedarme quieta viendo como cada vez traen más trozos de Leo. Por él y por todos los demás. ¡Por el amor de Dios! No sabéis cómo se vive ahí abajo. Es horrible. Y Leo se merece ese horrible lugar para permanecer en la eternidad.
-¿Y los tuyos? No creo que fueras la única en la tierra.
-No sé, pero no creo que se vayan a quedar quietos. Y mucho menos cuando sepan lo que le han echo a Leo.
-Nico está entre ellos. -susurra Sergio.
-Lo sé, lo vi. Y Valeria también lo vio. Todos lo vimos. Sabemos a lo que nos enfrentamos. Tenemos lo mismo ahí abajo.
-No me fío de nada. -responde Sergio.
-Me da igual. Si tú no quieres, no vengas. Pero estoy seguro que tus padres querrán así que vamos al lío. Además, ¿no eras tú quien me salvó de una ADM una vez?
-Sí... ¿Qué es ADM?
-Ellos para nosotros.
-Mejor que usemos el término de los Sombras. -anuncia Marc.
-¿Y cómo los llamáis?
-Gilipollas.
Ainhoa sonríe.
-Aquí se dicen muchas palabrotas, ¿verdad?
-Sí. -dicen los dos al unísono.
-¿Y tú por qué has venido? -pregunta Ainhoa sumida por la curiosidad.
Nunca ha sido de quienes se callan cuando quiere decir o saber algo. No le gusta pensar demasiado las cosas porque sabe que se puede arrepentir.
-Sabía que esto sería interesante. -dice mientras se encamina hacia la puerta. -Por cierto, yo también tengo mis contactos, por si te interesa.
-Sí, me interesa. Mañana a la noche sería una buena hora. Pásate. Y tú también, Sergio. No puedo esperar más. Ya he perdido bastante tiempo y no me gusta esperar.
Sergio asiente y Marc se va.
-¿De qué lo conoces? -pregunta Ainhoa.
-Del año pasado. Fue él quien nos ayudó a convencer a los de arriba que quizá la pelea no era la mejor forma, pero sí la más sensata si queríamos sobrevivir. Hace tiempo que ella no vuelve.
-¿Ella?
-Es Olvidada, quizá la conoces.
-¿Quién? No me gusta esperar, lo acabo de decir.
-Margarita.
Ainhoa se queda callada y nota cómo sus ojos se abren sin que ella quiera.
-¿Margarita?
-Sí. Venia mucho por aquí desde la primera vez que vino como prueba. Hace tiempo que no sabemos de ella, y desde que se fue todo a ido a peor. Cada vez hay más mágicos rondando por las zonas.
-Margarita era la abuela de Nerea y Enara.
-¿Era? ¿Abuela?
-Sí. Murió hace tiempo cuando admitió ir a la superficie sin permiso. Justo antes de que nuestra prueba saliera.
-Diles que conoces a las nietas de Margarita, que luchan a favor de los rebeldes y las Sombras te seguirán con tal de que las muestres, con tal de volver a verlas. Ahora no sólo tienes la clave de los que perduraron, también de muchos que lo dejaron.
-¿Y qué quieres que haga?
-Locuras. Y así conseguirás lo que quieres.
-Tengo las claves pero no sé dónde están y si están vivas.
-Búscalas.
-No sé cómo hacerlo.
-Tienes un don, quizá puedas recordar lo último que ellas hayan visto y eso te llevará a todos los demás.
-Anda. Llévame a ver ese cachito de Leo. ¡Ah! Y voy a querer su cabeza también.
-No creo que sea un buen equipaje de mano.
-Yo tampoco, pero es el necesario.
Salen de la habitación se dirigen a la sala principal.
-Por fin parece que las cosas empiezan a hacerse más rápidas. Detesto la rutina. -comenta Sergio.
-Con tu historial, no me extraña. ¿Por qué hay tanta gente? -pregunta Ainhoa mirando hacia la derecha.
-Cualquier novedad es aquí algo de lo que hablar durante días. Por algo que ocurre...
-Pues llévame.
-¿Pero no querías ir a ver a Leo?
-Leo no se va a mover. Eso sí.
-Vale. -se queja el chico.
Por casualidad, es otra vez la enfermería, parece ser que toda la trama del lugar transcurre ahí. Pero esta vez, no son malas noticias, sino buenas: Carlos, Hermenegildo, Abraham y Fabio.
Llenos de arriba abajo de sangre, sí, pero Carlos, Hermenegildo, Abraham y Fabio. Y vivos.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Capítulo 1.

Despierta con el cuello dolorido, algo que se ha vuelto rutina en esa vida tan pesada y solitaria que últimamente lleva.
Hay golpes que la han dejado marcada como saber que las Sombras sólo la han encontrado a ella y que hace una semana que dejaron de buscar a los demás, tanto como que Sergio y Federico son manipuladores. Quizá la novia del segundo sí, pero él...
Y luego está Marcos... al que quizá ahora necesite llamar hermano.
Pero el único que de verdad le importa dentro de todo eso es Omar. Y es que, aunque ella jamás lo vaya a admitir, siente por Omar lo mismo que Federico siente por su estúpida e irritante novia.
Ha aprendido a asimilarlo todo y a restarle importancia, algo que los Sombras parecen hacer sin cesar a todos los documentos y todo lo demás que han aprendido y encontrado sobre ellos. Parece, que, realmente, los ADM, son más sus amigos que sus enemigos. Al igual que para los Olvidados a manos de los poderosos.
Desde luego no hay nadie en que el confíe a su lado. De echo, hay demasiado traidor entre aquellos en los que ha confiado, seguro que Nico y Omar son sólo unos, quién sabe lo que pasa por la cabeza de cada uno.
Alguien entra en su habitación matando el silencio con un gran estropicio. Por detrás, aparece quien lo ha empujado y en el fondo, armado el escándalo. No podían ser otros que Federico y Sergio.
-¡Ha sido Fede! -se escusa Sergio como si Ainhoa fuera su madre.
Entre quejidos de dolor, Federico se levanta y lanza una mirada asesina a su amigo.
-Sí, ha sido Fede el que se ha llevado la leche, pero no el que lo ha provocado. -masculla.
Últimamente tiene demasiado mal humor.
-Antes de romperme toda la habitación, ¿qué hacéis aquí?
-El jefe te llama. -responde sin más Sergio.
-Sí, el muy cabrón cree que los demás estamos aquí para simplemente seguir sus órdenes. Como si no tuviéramos nada mejor que hacer.
-Vaya, si hasta prefieres que te lance contra una mesa.
-Mal echo, Sergio, -empieza Ainhoa dejando con la boca abierta a Federico, -nunca ante nada dejas que se te escape una información tan valiosa como esa. -termina con sarcasmo, ya que se le ve en su cara que no está divertida.
Vale, cuando están ellos y montan el pollo tampoco lo pasa tan mal, pero es lo que hay una fina línea entre lo divertido y lo estúpido, y ellos pasan muchas veces a lo segundo. Además, a ella le va mucho más lo serio (quién sabe por qué).
Se levanta y deja a los dos chicos en su habitación, algo que no le gusta ni un pelo, pero por lo menos piensa que hay cosas peores, como los mágicos asquerosos. Por lo menos parece que no se quieran hacer con el mundo, como en la televisión.
Pasa por los largos pasillos pintados de blanco y adornados con cuadros que las Sombras dicen que son abstractos, aunque a mí simplemente me parecen manchones de pintura. Y lo peor es que, cada vez que los ve, piensa que los garabatos de Nerea, (y Elías cuando se aburría), y luego pegaban en las paredes, son mucho mejores que estas.
Las Sombras son probablemente, a pesar de ser antepasados de los Olvidados, la cosa más diferente y parecida a esta a la vez, sobre todo si miras la personalidad. Ahí todos son, cómo decirlo, oscuros, mientras que aquí hay quienes son oscuros, pero también quienes son todo alegría y ganas de vivir. Mejor ejemplo, el anterior, con Federico y Sergio. A los oscuros, Ainhoa ha acostumbrado a llamarlos decaídos, y a los alegres, abstractos.
Los pasillos desiertos, empiezan a llenarse cuando el gran reloj marcan las once. Suelen ser como los animales que siempre permanecen juntos, a pesar de su distinta personalidad, que se nota mucho, puesto que los abstractos no paran de saludarla y darle los buenos días.
Pero ella no responde, es lo que tiene ser decaída, aunque eso en realidad tampoco tenga nada que ver.
Sus ojos se encuentran con unos verdes de una chica de más o menos su edad cuando pasa, ella también es una decaída, ya que, simplemente, no le contesta.
-¡Ainhoa! ¡Qué alegría me da verte, muchacha! -exclama una mujer por detrás.
Ainhoa se gira y se encuentra con Pepa.
Pepa es la mujer que se ha encargado de ayudarla por todo el edificio y sus alrededores para que no se perdiera, y por lo que ella sospecha, para que no se escapara también, y a pesar de ser una mujer amable y abstracta, a ella le irrita, y no sabe por qué.
-¿Te ha dado mi hijo la orden de que te dirijas al señor?
Lo peor es que a veces olvida que es la madre de Federico.
-Sí, de echo ahí me dirigía.
-Pues por aquí mal vas, chiquilla. ¡Anda, que te acompaño! -dice como si eso fuera un placer.
Piensa un momento en que eso le hace tan irritante, esa falsa modestia con la que se acerca para pegarse a ella durante los días.
-Si el señor quiere contarte lo que yo creo que es, te va a alegrar el día, y puede que por primera vez te veamos sonreír, lo cual no estaría nada mal. -Ainhoa suspira. -La verdad es que el señor sabe cómo hacer a uno sentirse en casa, bueno, si tú la hubieras tenido lo sabrías, es algo que te encantaría. -y vuelta a suspirar.
No, se equivocaba, ESO es lo que le hace tan irritante, no su falsa modestia ni lo plasta que es, sino sus insultos en cara como si fueras tonta.
Ainhoa contiene el aire, no quiere volver a suspirar y mucho menos pegarle ese puñetazo a la que tanta gana tiene desde hace tiempo.
Le hace retroceder en sus pasos y la agarra con fuerza con la mano, tirando de ella con tal intensidad que a veces parece que su brazo se va a despegar con facilidad del cuerpo. Y eso que todavía no han llegado a torcer mil veces hacia ambos lados.
Pero Ainhoa se cansa en medio del camino.
-Gracias, Pepa, pero ya puedo ir sola, no soy una niña. -contesta y sigue a su ritmo.
A pesar de todo, puede que Pepa sea la única persona que de verdad se fija en la potencial de la joven, puesto que las Sombras son asombrosas.
Hay algo en ellos que los convierten en más poderosos que los Olvidados, lo que supone que ellos sí que pueden ir contra los mágicos, y de eso es de lo que tanto ha hablado con el Señor, pero él jamás le ha echo caso, los conflictos no son lo suyo, y mucho menos si de esa manera tiene que poner en peligro a sus hijos. Ambos irritantes.
Sigue andando y girando hasta legar a la única puerta dorada del lugar, sí que se supone que está bien escondido el líder, aunque, ahí abajo también, los poderosos viven en la casa más grande y lujosa, mientras que los demás viven en pocilgas.
Le entra un extraño sentimiento que le produce echar en falta su hogar, algo que hasta aquel momento le había parecido repugnante.
Por suerte, ahora, los que antes sólo eran conocidos o unos incordios, se han convertido en grandes amigos. Amigos a los que no ve desde hace demasiado tiempo. Amigos por los que teme a todas horas. Amigos a los que echa muchísimo de menos.
Se queda de pie delante de la puerta, sumida en sus pensamientos durante otros dos minutos más, cuando la enorme puerta se abre y el nuevo Señor aparece delante.
El anterior, quien ayudó a Hermenegildo, Abraham y Carlos, murió sin poder salir de aquel lugar, algo que no ha parecido molestar demasiado a las Sombras, ya que él no tenía familia y solía pasar aislado todo el tiempo.
-Bienvenida, niña. -saluda con alegría.
-No me llames niña o te empezaré a llamar por tu nombre.
-Soy el Señor del lugar, deberías tenerme un poco más de respeto.
-Ya, y yo no soy una Sombra, por la que en realidad podría haberte dado una paliza por dejar abandonados a mis amigos hace tiempo.
-Menudo humor tienes por las mañanas... quizá debería de haberte citado por la tarde. Bueno, pero no importa demasiado. Entra, niña, tenemos cosas de las que hablar.
Cuando entra, un grupo de hombres de entre cuarenta y setenta años la reciben, todos con cara seria, a pesar de que entre ellos haya un abstracto que intenta manifestar su alegría.
Se sienta al lado de un hombre de intensos ojos miel y otro corpulento con la barba blanca y larga típica de un mago sabio y anciano. Reconoce al hombre menos corpulento como el padre de Sergio, aquel que si no recuerda mal, hace dos meses ofreció un trato interesante, pero a pesar de todo le sigue intimidando esa mirada fría y calculadora.
En frente de mí está el hermano de este, el tío de Sergio, un hombre bajito pero con mucha mala leche al que también vio aquel día junto a su hermano mayor. Conoce su nombre como Carlos, y simplemente lo recuerda por el chico que se unió a aquel plan peligroso para ayudar a su mejor amigo y a ella, a la que tan solo había visto un par de veces.
Quiere negarlo, pero sus ojos se empiezan a cargar de lágrimas.
-Bienvenidos todos. -dice el Señor mirando a todos uno por uno y con calma.
-¿Para qué nos has llamado, maricón? -pregunta el mago de mi izquierda.
-¡Maricón tú, gilipollas! -le contesta el pelirrojo de mirada asesina que está tan pegado al Señor.
El pelo de color fuego le recuerda a Omar.
<¡Mierda!> piensa ella.
Pero sus pensamientos de príncipe azul se ven interrumpidos por una oleada de palabrotas que todos los presentes lanzan al Señor y a los dos chicos de su lado, y éstos le contestan, mientras el Señor observa la situación y el otro abstracto se queda callado y con unos ojos tristes.
-¡Callaos! -grita éste con un hilito de voz.
Sólo le hace caso el de su lado.
Los demás siguen gritando, incluso se levantan para mostrar su violencia entre empujones y puñetazos que no tardarán en aparecer.
-¡Martín ha dicho que os calléis! Por lo menos hagámosle caso a él. -dice con una voz ronca el único hombre que se ha callado.
-Gracias, Eduardo. -agradece Martín.
Eduardo no es un hombre demasiado robusto, pero sus ojos irradian seguridad, fuerza y un gran apoyo, la verdad es que parece tratar a Martín como a nadie más.
Pero el Señor no le hace ni caso, sigue con su amplia sonrisa.
-Bien, llegué a entender que cada uno de vosotros quiere luchar por los Olvidados, y antes de que las cosas se vayan de entre las manos, para evitar conflictos internos como los que acabamos de observar, os agradecería que dejarais vuestras ideas a un lado. No sólo por el bien común, sino por el vuestro también.
-¿Es que piensas tenernos callados para siempre? -pregunta enfadado el padre de Sergio.
-No. Esa no es mi idea. Pero tenemos que tener en cuenta de que luchar por los Olvidados, tengáis las razones que tengáis, ya es un cuento perdido.
-¿Cómo que un cuento perdido? -pregunta Ainhoa, no lo ha podido evitar.
-Tú más que nada lo sabes, niña.
-No me vuelvas a llamar así en tu vida o ten claro que crearé un conflicto interno.
-Lo que quería decir antes de que me amenazaras de tal forma. -comenta en calma, pero recalcando con rabia la palabra "amenazar". -El tema es que hay rebeldes, pero los poderosos también lo saben, y si no me equivoco, los poderosos son los mismos que se aliaron con los mágicos contra vosotros. Y si os soy sincero, la primera batalla no será contra los mágicos, sino entre el mismísimo pueblo Olvidado con tal de unirse a la rebelión o a aquellos que los han torturado toda su vida. El miedo en la elección es clave, porque sólo sois veinte como mucho, y esa es una misión suicida.
-Con nosotros serían muchos más. -responde Eduardo.
-Sí, pero nosotros somos muchos menos que los mágicos, ellos son tres veces más que ambos pueblos juntos.
La mirada de Ainhoa se junta con la de Eduardo. Luego mira a Martín y después a sus dos lados para terminar con Carlos.
Están deseando formar parte, se ve en sus caras, al igual que en el resto.
-Mira, gilipollas, -empieza Ainhoa, -yo soy una Olvidada, por lo que tengo todo el derecho del mundo de ayudar a los rebeldes en la guerra si me apetece, pero te puedo jurar que han visto a mi amiga a la que saben que es una Olvidada y no somos como los de abajo, no se darán cuenta si son Sombras o no.
-Ya, pero yo soy el Señor, no lo olvides.
-¿Es que no sentías ningún aprecio por aquel hombre al que serviste tantos años? ¿No es esa una razón para aclamar venganza?
-La gente muere, es uno más.
-Y entonces cuando mueras o yo te mate mientras que duermes dará igual. Claro, la gente muere, será una pérdida más, total, ¡qué más da!
-Yo no soy igual que él.
-Tú eres exactamente igual que él, lo único que él tenía huevos de ayudar a aquellos que lo necesitaban como rebeldes, lo que lo convertía en una buena persona.
-Querrás decir lo que lo convertía en suicida.
Y Ainhoa está a punto de contestarle cuando una mujer pega fuerte la puerta dorada una y otra vez, lo cual está mal visto en la comunidad de los Sombras y hace que unos de sus ayudantes, el pelirrojo no, el otro, se levante.
-¡Es una urgencia! -grita.
-No hay nada más urgente que esta junta. -responde el hombre.
-Sí que lo es. Por favor, mi señor, venga, ¡es una catástrofe!
El Señor, con absoluta calma y tranquilidad se levanta y coge a la mujer del brazo, detrás, van sus siervos, o ahora que se fija, puede que hijos, y detrás del todo, ellos, los más alborotados e interesados con la situación.
En la cabeza de Ainhoa no paran de venir ilusiones como que es una urgencia de haber encontrado a alguno de sus amigos herido, pero uno de sus amigos, al fin y al cabo. O puede que en el caso de esa abstracta sólo se haya acabado la gelatina de fresa. Ya pasó una vez.
Pero sin ninguna duda, eso es muchísimo más grave el que cuento de la gelatina.
La enfermería está llena de gente que está interesada en mirar la atrocidad cometida que tanto escandaliza a las mujeres llorando fuera y a los hombres trantando de creérselo, y la curiosidad puede con ella.
-No es una visión muy agradable. -nos comenta la enfermera tranquila.
-¿Qué son? -pregunta el Señor.
-Trozos de gente como nosotros, no están unidos ni encajan perfectamente pero todos están cortados a base de los dos brazos, las dos piernas, el cuerpo y la cabeza. En total seis víctimas. -dice mientras me mira.
-He visto cosas peores. -responde Ainhoa.
Y es verdad, ella pasaba mucho tiempo en las cárceles y ahí ha visto cosas como cómo la gente se quedaba en los huesos, era comida por los animales o se podría. Eso todo después del dichoso secreto de cómo se mata a un Olvidado. Todo enterrado en las asquerosas cárceles.
-Antes de entrar, -dice a pesar de eso, -¿Usted sabe diferenciar los cuerpos de una Sombra de las de un Olvidado?
-Soy enfermera, no médico, lo único que sé es poner tiritas en heridas poco profundas y poco más. Lo que sí que puedo decirte es que la cabeza tiene un profundo corte en la nuca, y le falta el cerebro.
Ainhoa se pone en tensión.
-No me digas que son Sombras, por favor. -responde serio el Señor.
Ainhoa se relaja.
-Ciertamente no lo sé. No tienen acceso aquí...
-¡Pero sabe dónde estamos! ¡Y todo por la dichosa Olvidada! Seguro que han matado a alguien por la noche por la culpa de la jodida esta.
-Por favor, mi Señor, escúcheme. No tienen acceso aquí y que yo sepa, jamás he trabajado con ninguna de las partes del cuerpo. Seguro que son sólo humanos que quieren hacer pasar por Sombras para intimidarnos.
-O pueden que sean Sombras que no conocemos. ¿Sabes que hay más organizaciones? No, es imposible porque eres gilipollas y deberías de habérmelo contado a mí antes que a toda esta maldita gente. ¡Yo soy el Señor!
-He intentado, pero usted ha dicho que tenía algo más importante y me ha ignorado.
El Señor no sabe si mostrarse enfadado o avergonzado, por lo que opta poner la segunda cara y justifica a favor de él:
-No has hablado conmigo desde la muerte de mi predecesor, por lo que mejor cállese a menos que quieras que encuentre a los que han echo esto y te despedacen como a los demás.
-No, mi Señor, siento haber mentido para mi bien. He de decirle que en realidad el cuerpo ha sido pasado por otra organización que dice que seguro que nos pertenece a nosotros. No entendí lo que querían decir. -dice la enfermera, y se va.
<Maldito hijo de perra> piensa enfadada Ainhoa más que nunca, pero todos esos pensamientos se van cuando se fija en el cuerpo.
A saber de quién son las partes del cuerpo, pero se encuentra con la cabeza, totalmente identificable como todas las cabezas de gente que conoces.
Leo...

viernes, 12 de septiembre de 2014

Adelanto del Viernes

Os prometí segundo adelanto y aquí está, el tema es que también he aprovechado estos adelantos para que el capítulo no es os hiciera demasiado largo, y ya de paso, intentar dejaros con la intriga. Puede que la anterior no es dejase con la curiosidad, pero es probable que esta sí.
Besazos,
Nerea.

-No. Esa no es mi idea. Pero tenemos que tener en cuenta de que luchar por los Olvidados, tengáis las razones que tengáis, ya es un cuento perdido.
-¿Cómo que un cuento perdido? -pregunta Ainhoa, no lo ha podido evitar.
-Tú más que nada lo sabes, niña.
-No me vuelvas a llamar así en tu vida o ten claro que crearé un conflicto interno.
-Lo que quería decir antes de que me amenazaras de tal forma. -comenta en calma, pero recalcando con rabia la palabra "amenazar". -El tema es que hay rebeldes, pero los poderosos también lo saben, y si no me equivoco, los poderosos son los mismos que se aliaron con los mágicos contra vosotros. Y si os soy sincero, la primera batalla no será contra los mágicos, sino entre el mismísimo pueblo Olvidado con tal de unirse a la rebelión o a aquellos que los han torturado toda su vida. El miedo en la elección es clave, porque sólo sois veinte como mucho, y esa es una misión suicida.
-Con nosotros serían muchos más. -responde Eduardo.
-Sí, pero nosotros somos muchos menos que los mágicos, ellos son tres veces más que ambos pueblos juntos.
La mirada de Ainhoa se junta con la de Eduardo. Luego mira a Martín y después a sus dos lados para terminar con Carlos.
Están deseando formar parte, se ve en sus caras, al igual que en el resto.
-Mira, gilipollas, -empieza Ainhoa, -yo soy una Olvidada, por lo que tengo todo el derecho del mundo de ayudar a los rebeldes en la guerra si me apetece, pero te puedo jurar que han visto a mi amiga a la que saben que es una Olvidada y no somos como los de abajo, no se darán cuenta si son Sombras o no.
-Ya, pero yo soy el Señor, no lo olvides.
-¿Es que no sentías ningún aprecio por aquel hombre al que serviste tantos años? ¿No es esa una razón para aclamar venganza?
-La gente muere, es uno más.
-Y entonces cuando mueras o yo te mate mientras que duermes dará igual. Claro, la gente muere, será una pérdida más, total, ¡qué más da!
-Yo no soy igual que él.
-Tú eres exactamente igual que él, lo único que él tenía huevos de ayudar a aquellos que lo necesitaban como rebeldes, lo que lo convertía en una buena persona.
-Querrás decir lo que lo convertía en suicida.
Y Ainhoa está a punto de contestarle cuando una mujer pega fuerte la puerta dorada una y otra vez, lo cual está mal visto en la comunidad de los Sombras y hace que unos de sus ayudantes, el pelirrojo no, el otro, se levante.
-¡Es una urgencia! -grita.
-No hay nada más urgente que esta junta. -responde el hombre.
-Sí que lo es. Por favor, mi señor, venga, ¡es una catástrofe!
El Señor, con absoluta calma y tranquilidad se levanta y coge a la mujer del brazo, detrás, van sus siervos, o ahora que se fija, puede que hijos, y detrás del todo, ellos, los más alborotados e interesados con la situación.
En la cabeza de Ainhoa no paran de venir ilusiones como que es una urgencia de haber encontrado a alguno de sus amigos herido, pero uno de sus amigos, al fin y al cabo. O puede que en el caso de esa abstracta sólo se haya acabado la gelatina de fresa. Ya pasó una vez.
Pero sin ninguna duda, eso es muchísimo más grave el que cuento de la gelatina.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Adelanto de Miércoles

Bueno, espero muchísimo que os guste y que sigáis la historia tan fielmente como la primera parte. ¡Ah! Y espero que os guste. Un besazo a todos.
Nerea.

Despierta con el cuello dolorido, algo que se ha vuelto rutina en esa vida tan pesada y solitaria que últimamente lleva.
Hay golpes que la han dejado marcada como saber que las Sombras sólo la han encontrado a ella y que hace una semana que dejaron de buscar a los demás, tanto como que Sergio y Federico son manipuladores. Quizá la novia del segundo sí, pero él...
Y luego está Marcos... al que quizá ahora necesite llamar hermano.
Pero el único que de verdad le importa dentro de todo eso es Omar. Y es que, aunque ella jamás lo vaya a admitir, siente por Omar lo mismo que Federico siente por su estúpida e irritante novia.
Ha aprendido a asimilarlo todo y a restarle importancia, algo que los Sombras parecen hacer sin cesar a todos los documentos y todo lo demás que han aprendido y encontrado sobre ellos. Parece, que, realmente, los ADM, son más sus amigos que sus enemigos. Al igual que para los Olvidados a manos de los poderosos.
Desde luego no hay nadie en que el confíe a su lado. De echo, hay demasiado traidor entre aquellos en los que ha confiado, seguro que Nico y Omar son sólo unos, quién sabe lo que pasa por la cabeza de cada uno.
Alguien entra en su habitación matando el silencio con un gran estropicio. Por detrás, aparece quien lo ha empujado y en el fondo, armado el escándalo. No podían ser otros que Federico y Sergio.
-¡Ha sido Fede! -se escusa Sergio como si Ainhoa fuera su madre.
Entre quejidos de dolor, Federico se levanta y lanza una mirada asesina a su amigo.
-Sí, ha sido Fede el que se ha llevado la leche, pero no el que lo ha provocado. -masculla.
Últimamente tiene demasiado mal humor.
-Antes de romperme toda la habitación, ¿qué hacéis aquí?
-El jefe te llama. -responde sin más Sergio.
-Sí, el muy cabrón cree que los demás estamos aquí para simplemente seguir sus órdenes. Como si no tuviéramos nada mejor que hacer.
-Vaya, si hasta prefieres que te lance contra una mesa.
-Mal echo, Sergio, -empieza Ainhoa dejando con la boca abierta a Federico, -nunca ante nada dejas que se te escape una información tan valiosa como esa. -termina con sarcasmo, ya que se le ve en su cara que no está divertida.
Vale, cuando están ellos y montan el pollo tampoco lo pasa tan mal, pero es lo que hay una fina línea entre lo divertido y lo estúpido, y ellos pasan muchas veces a lo segundo. Además, a ella le va mucho más lo serio (quién sabe por qué).